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Dallas, 1994, Copa del Mundo. En cuartos de final, Brasil se enfrenta a Holanda. El Cotton Bowl está abarrotado. Acabará 3-2 para los Greenoro, pero es el segundo gol brasileño, el del bombardero Bebeto, el que pasará a la historia por su júbilo. Quería dar la bienvenida a su hijo Matheus, nacido unas horas antes. Decidió dejar de correr y empezó a balancear los brazos, como una cuna. Se le unieron algunos compañeros, que junto a él crearon una de las coreografías postmarcha más famosas de la historia. También aquel año, más o menos en la misma latitud pero a este lado del océano Atlántico, un grupo de jugadores de rojo y blanco liderados por el colombiano Migel Ángel Guerrero, habían decidido emprender un insólito e inolvidable viaje en tren desde Bari hasta el resto del mundo.

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